Un día toda la vida

Tener un hijo es una de las experiencias más gratificantes de la vida de una persona. Por muchas veces que lo escuches, no lo descubres hasta que te ocurre. Para un fotógrafo tiene una significación añadida ya que supone, además de todo lo que conlleva, un motivo fotográfico que va creciendo día a día. Lo complicado de la situación es poder separar la condición de padre de la de fotógrafo (a veces unirla…), para no caer en la reiteración de imágenes que la tecnología actual incita a los padres realizar, almacenar y descartar sin apenas haber visto. Como dice Susan Sontag, parece que no se quiere realmente a un hijo si no se le fotografía constantemente, como si ello lo hiciera formar parte de tí; y la familia, ávida de esos recuerdos, insiste en su demanda de imágenes. Como fotógrafo (o como padre) he realizado todas esas fotografías que suelen tomarse, aunque las hecho sin la cámara. Mientras se está pendiente de capturar ese momento, ese gesto nuevo que hace nuestro hijo, acaba uno por perdérselo y deja de disfrutarlo. He preferido “fotografiar” esos momentos en mi memoria. Como fotógrafo, mi labor más importante es mirar. Lo que nos transmiten nuestros hijos vale más que una fotografía.

Todas las imágenes © albert ortiz valor  2012

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