Viaje a ninguna parte

Siempre estamos de viaje. La vida es un itenerario continuo que nos aporta experiencias y conocimientos que más tarde o más temprano acabaremos por reflejar. Ya sea de una manera técnica, artística, social o emocional. Esa parte emocional siempre está presente y la aplicamos a todas nuestras acciones.

Hay momentos en la vida en los que necesitamos de algún viaje para reorganizarnos. Es un viaje en el cual deberemos reencontrarnos, a veces encontrarnos, para retomar un camino que algún momento habíamos perdido o no habíamos encontrado todavía.

Ese viaje es necesario realizarlo solo. Aunque se vaya acompañado, los momentos de soledad nos aportarán todo lo necesario para encontrar aquello que se busca. La solución no se encuentra al final del camino, ni incluso durante el mismo. Esa ansiada solución frecuentemente está en el propio hecho de emprender la marcha; de darse cuenta que es necesario iniciarlo para llegar a ser uno mismo. Y la solución siempre la tenemos dentro, en ese lugar interior tan lejano y cercano a la vez.

Es importante cerrar los ojos de cuando en cuando para poder ver. Concentrarse en uno mismo y escuchar todo aquello que nos decimos, pero que al buscar soluciones en el exterior, no escuchamos.

Ese es el viaje, tan necesario en ocasiones, en el que me encuentro para poder generar un discurso más acorde a mis emociones.

No es necesario moverse del lugar en que uno está para llegar lo más lejos posible en ese periplo. Lo más complicado es tomar consciencia de que hay que iniciarlo, y lo más peligroso es pensar que el viaje acaba cuando hemos descubierto la solución.

Es ahí, justo en ese instante, cuando de verdad empieza el verdadero viaje. Un viaje a ninguna parte que nos tendrá ocupados el resto de nuestras vidas.

Este trabajo no es sino la escenificación de ese viaje. Un viaje en busca de una identidad real con la que impregnar mi trabajo. Un viaje que he emprendido lo más ligero de equipaje posible con el fin de ser más libre para expresar aquello que voy sintiendo. Minimizando el peso físico y emocional intento que afloren sentimientos más livianos que me ayuden a evolucionar a un estado más personal y que dependa en menor medida de una apreciación externa que inconscientemente había solicitado.

Las imágenes son un pequeño logro en la medida que suponen una descarga de lastre técnico que me ha acompañado durante años. Son imágenes que fluyen desde las capas más accesibles de mi interior, aunque quizá por ello, las menos exploradas.

Todas las imágenes © albert ortiz valor  2012

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